La Puerta
22 October, 2007
Marlen Larrayoz Aristeguieta -Zarautz, Gipuzkoa
No sé si el infierno tiene puertas o escaleras mecánicas, por no saber, ni siquiera sé si existe, pero creo haber encontrado un lugar en el que se esconde una grieta en los muros del pandemónium.
Existe un pequeño bar en un gran hotel de una enorme ciudad, medio escondido entre tantos pasillos, restaurantes de renombre y clientes importantes. Uno de esos lugares de paso en los que, los que están solos se sienten aún más solos. Y los que tienen compañía lo rehuyen por miedo a perderla.
Este lugar no tendría nada de particular sino fuera porque allí cualquiera puede ahogar las penas en alcohol. Pero no en sentido figurado, sino literalmente hablando.
No es un bar donde uno puede entrar y pedir “Dame lo de siempre”. Cada copa es diferente a cualquier otra y cada copa, inexplicablemente, equivale al inmediato olvido de un sueño perdido, de un mal recuerdo o de un amor frustrado.
El camarero tiene pinta de marinero que ha recorrido todos los mares del mundo. Se diría que le falta el garfio para ser uno de aquellos piratas que atemorizaban a las tripulaciones de antaño. Es más bien hosco y no suele responder a las preguntas de los clientes, sólo de vez en cuando, cuando amenaza tormenta, se le suele soltar la lengua y habla de su barco y de su mar, pero nunca cuenta nada de su mujer. Y aunque se sabe que estuvo casado y tuvo varios hijos, lo que se cuenta suena más a historias de noche a bordo que a realidad.
Pero una vez al año, sólo y exclusivamente una vez al año, y casi siempre cerca del día de los difuntos, una de esas copas produce el efecto contrario y vuelven a nuestra memoria todos los recuerdos olvidados, para nunca más borrarse.
Nadie lo sabe hasta que es demasiado tarde, yo no lo supe hasta que …
Desde esa maldita copa, vuelvo cada noche al pequeño bar del gran hotel de la enorme ciudad, y bebo noche tras noche los más extraños licores hasta que las lágrimas nublan mi vista, pero no mis recuerdos, sé que nunca más olvidaré, por siempre tendré que vivir con mis recuerdos a cuestas. La grieta permanecerá abierta y por ella seguirán escapando mis demonios para atormentarme durante el resto de mis días y sobre todo de mis noches.
Marlen Larrayoz Aristeguieta




























October 26th, 2007 at 4:32 pm
Creo entender que en distintas situaciones de la vida esto nos pasa a todos, o sea, que quieras o no siempre terminas entrando a ese bar, y siempre entras un rato antes de dormirte, y en lo personal me pasa con la perdida de los seres queridos
September 4th, 2008 at 9:14 am
CUANTO DOLOR!!!!
Creo que todos, según van pasando los años tenemos nuestras grietas. Unas por los seres que se nos han ido y por mucho tiempo que pase no aceptamos su ausencia, otras, por injusticias que recaen en tu piel o en la de tus seres queridos, otras por ser juzgados injustamente y sin ningún derecho…
Y cuando todo esto vuelve a tu mente y el dolor inunda tu cuerpo, los ojos se te empañan, la cabeza parece estallar… solo queda aprender a convivir de la mejor manera con ellos pero sobre todo superarlos.
Marlen Larrayoz, enhorabuena por este magnifico relato.