Cartas de una maleta enamorada de un hotel
8 November, 2007
Jose Alejandro Suárez Valdes - Corvera de Asturias
Hola Hotel. No te haces una idea de lo que ha cambiado mi vida desde que te he conocido. Antes todos se burlaban de mí, pero desde que existe un hotel que tiene un blog, ya no me avergüenza expresar mis experiencias, mis inquietudes, mi opinión… porque parece que me empiezan a tomar un poquito más en serio, y es que… soy una maleta. Pero no una de estas modernas con sus cuatro ruedecillas, su candado con combinación propia, su bolso de mano a juego, su colección de cremalleras, su neceser incluido, sus departamentos independientes, su diseño vanguardista y todo ese lujo, altanería y arrogancia con la que se contonean en todo aeropuerto donde coincidimos, sino que soy una de esas antiguas, forrada de madera por dentro y por fuera y con hebillas de bronce, ya sabéis, de las que llevaba la gente en el Titanic. Y es que, aunque pueda parecer lo contrario, la vida de una maleta no es sencilla.
Puede parecer divertida y apasionante, siempre de viaje, conociendo lugares, gentes y culturas nuevos, y siendo la guardiana de los bienes y secretos de sus dueños…, pero esa es una simple visión superficial de nuestra existencia.
Nadie nos quiere, de hecho, puedo afirmar, no me importan las represalias… que ninguna maleta del mundo es tratada con respeto. De antemano, ¿qué les parecería a ustedes si les metieran los dedos en su nariz y les taparan la boca con un esparadrapo? Pues eso es lo que hacen al ponernos un candado, ¿qué se creerán que íbamos a dejarnos robar? Pues yo nunca he visto una maleta que no mordiera cuando le metieran un solo dedo en la boca…
De hecho, es tal el despego que nos tienen nuestros dueños que nos empaquetan con cualquiera y en cualquier sitio a la primera de cambio. En primer lugar, para ir al aeropuerto, aunque solo vaya una persona en el coche, yo voy para el maletero, y para otra maleta cualquiera, igual con el tiempo se acaba acostumbrando a viajar en un lugar tan pequeño y oscuro como un ataúd, pero las maletas claustrofóbicas como yo, nunca nos acostumbraremos a ese horrible lugar. Si es que parece recochineo, los humanos ya le han puesto a ese infierno maletero, es decir, sitio para las maletas, ¿es que si el que le puso el nombre lo hubiera llamado abuelero, empaquetarían al abuelo en todos los viajes a ese cajón sin oxígeno? Posteriormente, con la llegada al aeropuerto, nos montan en un carrito (¿para qué se pensarán que es el asa en mi caso y las rueditas en el de las más modernas?, si es que pueden transportarnos sin silla de ruedas…), nos pasan por un detector horrible, nos pesan (¿no entenderán que eso es una humillación para nosotras? que pesen también al pasajero, para que sepan lo que se siente cuando te excedes un poco del peso y todos murmuran: ¡gorda!), y nos tiran a todas unas encima de otras como si fuéramos basura para la peor zona del avión. Y viajar sin cinturón varias horas con maletas encima, debajo y a los lados, sin libertad ni intimidad alguna, es la sensación más horrible que una maleta pueda experimentar. Una vez en nuestro destino, de nuevo al maletero (esta vez de un autobús), y llegada al hotel, con un mareo y una depresión insoportables. Pero de nuevo nuestros dueños se olvidan de nosotras, y nos dejan con unos desconocidos con traje rojo con botones que nos llevan hasta la habitación, y que por cierto, si no están muy contentos con la propina de nuestro dueño, ¿con quién lo pagan? Conmigo: patadas, golpes e insultos… Por eso tras tantos años he decidido llevar mi propio dinero para dejar yo mis propias propinas y recibir un trato algo mejor.
Y la estancia en el hotel no es mucho mejor, normalmente mi lugar es el fondo del armario, y según pasa el tiempo todo va a peor, porque me van acumulando la ropa sucia, mojada y arrugada, y soportar eso roza los límites del respeto incluso para un objeto viejo y olvidado como yo. Es por ello, que mi vida solo albergaba rayos de felicidad soñando volver a hibernar en el desván de mi dueño, triste, solitaria, vacía, olvidada e incomprendida. Pero desde que te he conocido, Hotel, he vuelto a recuperar la ilusión y solo estoy deseando que llegue el día en el que pueda conocerte, y disfrutar de tu trato y buen servicio, porque ese día, por fin, mi vida de maleta habrá encontrado un sentido y su lugar en el mundo.



























November 12th, 2007 at 4:51 am
Querido hotel;
Los sentimientos, la verdad , la amistad, el reconocimiento, la satisfacción de las cosas bien hechas, el poder de llevarlo acabo con responsabilidad , con exigencia y sobre todo con educación y humildad, son palabras que se me agolpan, pensando en vos, es obvio que el desconocimiento o la ignorancia nos deja un gran vacio, si , pero también es cierto, que quien os estrene, tendrá la encrucijada de rememoraros y evocaros , aunque sea olvidado por vos, y para alquien que le importamos todos tanto , es justo que tengaís su momento de gloria.
Pero no olvideís, que si os demoraís, en vuestra resolución, podriaís caer en el olvido, no mas lejos, de mi humilde intención que cayeraís en desgracia por este hecho, y vos que os procesaís tan bondadoso, no deberiaís tentar a la suerte, y sin embargo si deberiaís mostraros mas abierto y condescendiente al no albergar en nosotros, falsas esperanzas, dandonos por satisfechos con alguna prueba mas de su futura existencia, sin otro paticular se despide de vos, su honorable huesped.
Sol.